¿Cómo de inteligente es la Inteligencia Artificial?

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El otro día una sorprendente noticia inundaba los medios de comunicación. La última creación de Google, el denominado AlphaGo había vencido la primera partida contra el campeón del mundo de Go (que por cierto es un juego chino que ya se jugaba hace más de 2.500 años y que consiste en controlar con las propias fichas una mayor porción de tablero que la lograda por el contrincante). Aquí podéis echar un vistazo sobre el tema en mayor profundidad.

La cuestión es que tras la partida el derrotado campeón mundial hizo unas declaraciones que me dejaron ligeramente pensativo. Lo que dijo si no recuerdo mal es algo así como que había perdido contra la máquina porque la máquina había resultado muy creativa en sus jugadas. Y claro, como uno ha tenido que apechugar con unos añitos de asignaturas de Inteligencia Artificial en la Universidad pues no puede quedar indiferente ante esta afirmación.

Tablero del juego Go
Las IA pueden ganarnos en capacidad de cómputo pero no en creatividad (al menos por ahora)

En realidad las inteligencias artificiales (por lo menos las que existen hasta ahora) si algo no son es creativas. Son potentes, resuelven algunos problemas de manera fascinante y pueden vencer a sus oponentes humanos en juegos como el ajedrez, las damas y ahora también el Go. Pero cuidado porque la potencia que estos sistemas utilizan para vencernos no está ni basada ni fundamentada en una creatividad real sino en la potencia de cómputo y la optimización excelente del algoritmo del programa que algún ingeniero ha llevado a cabo. Es decir, la única inteligencia real que hay detrás de estos sistemas es la de la gente que los programa.

Cuando una Inteligencia Artificial vence a un humano jugando al ajedrez o al Go en realidad no está elaborando ningún tipo de tácticas o poniendo en práctica imaginativas estrategias con las que rodear a su contrincante para engañarlo y llevarlo a su terreno. Eso es lo que haría un humano pero no es lo que hace una máquina. Las máquinas son sencillamente expertas en jugar de otra manera, que normalmente suele ser explorando cientos de miles o millones de posibles combinaciones y jugadas con el objetivo de encontrar aquellas que más probabilidades les ofrecen de vencer. Como en capacidad de computo y memoria no tienen rival entonces el juego se convierte en una lucha desigual.

Jugar contra una máquina es lo mismo que jugar contra alguien con las cartas marcadas, alguien que tiene un mapa perfectamente trazado y detallado con todas las posibles vías de entrada y de salida a cada una de las posibles situaciones que pueden presentarse durante la partida. Crear este tipo de software es sin lugar a duda una tarea encomiable y complicada, y en muchas ocasiones implica un conocimiento del juego y una creatividad matemática que son dignas de elogio. Pero son elogiables las personas que han dado lugar a dicha máquina y no tanto la máquina en sí.

La creatividad por el momento queda relegada a la mente humana ya que por fortuna o por desgracia seguimos sin saber cómo replicar de forma creíble nuestros patrones mentales y de pensamiento. Así que en cierto modo las máquinas pueden obtener soluciones mejores que las que obtendríamos nosotros a ciertos problemas pero llegan a ellas por caminos muy diferentes, y ahí está la clave.

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